Hace apenas un instante que acabo de recibir la noticia del premio que se ha otorgado, en el Festival de Guadalajara, a la película realizada por mi amigo Fernando Dominguez, cuyo título es 75 habitantes, 20 casas, 300 vacas. Ya esta obra, en el Festival de Mar del Plata, había cosechado un buen aprecio del público.
Ahora nos toca presentar esta película en el Festival de Lérida, lo que para mí tiene una importancia capital. Porque habiendo salido a los nueve años de nuestro país, siempre he acariciado el sueño de volver, no como persona solamente, sino también con mi sabiduría de vivir y mi obra, que son más que mi persona.

Lo que me asombra es que el chico que fui a los doce años no se equivocaba. Lo que estábamos viviendo en el pueblo de Vielles era un don del cielo. Por poder ser testigo del mundo campesino por dentro, pero también poder valorar la calidad humana de los vecinos. Estoy orgulloso, por más presiones que haya sufrido, de no haber traicionado al chico que fui.
He aprendido mucho del viejo Bonal. Cuando me vino a pedir que le guiara los bueyes, me lo dijo en estos términos: “¿Mañana me puedes guiar los bueyes?”. Para él, estaba descartado que yo me desenvolvería bien. O sea, me tuvo confianza. Y no es que muchos me tuvieron confianza. Son los más que me aconsejaron por mi bien y el de la humanidad que dejara de pintar y escribir.
El viejo Bonal me hubiese podido pedir lo mismo pero con otra frase: “¿Te animas a conducirme los bueyes mañana?” O sea, me encajaba la responsabilidad a mí. Si había un entuerto, el único culpable era yo.
El viejo Bonal me dio una enseñanza. Hoy, que tengo más edad de la que él tenía, ahora que soy un viejo, tengo el deber y la responsabilidad de alentar a los jóvenes. Por ello, habiendo hecho mucho cine documental, le cedí toda la libertad a mi amigo Fernando Dominguez, que podría ser mi nieto. Él ha tenido una ventaja. Él entra en mi casa como si fuese la suya. Su novia Nati, la fotógrafa del film, y Javier, el sonidista, muchas veces invadieron la casa; sus risas suenan en todos los rincones.
Es por la frecuentación, que Fernando ha podido percibir que la pintura no es sólo una acción física, una mano que mueve un pincel, sino algo del espíritu mismo. Y quien dice espíritu, dice ideas, sentimientos, sueños, vacilaciones, y dudas. Todo esto no se ve nunca. 
Él ha logrado filmar lo que no se ve y es la realidad del arte.

Nicolás Rubió.
11.3.2012

ZOOTROPO

Sabemos que el cine es todo y más. Todo de todo, pero reduzcamos un poquito: todas las artes y más. Y lo que más me gusta de esta película es que es el cine como no lo había visto en mucho tiempo, el cine en todo lo que fue y va a ser, el cine que se une a todas las artes para ser más cine. Y por eso fue lo que más me gustó del festival de Mar del Plata.
Para empezar, 75 habitantes, 20 casas, 300 vacas comienza con una ventana, pero mucho más allá de la ventana de Bazin: una película entera sobre conocer el número de ventanas, o sobre si vale la pena saber exactamente el número de ventanas.
Nicolás Rubió y Fernando Domínguez son amigos desde hace 10 años. Nicolás Rubió es el protagonista de la película, un hombre exiliado de su pueblo tras la guerra civil española y que pintó más de 500 cuadros sobre éste, que precisamente constaba de 75 habitantes, 20 casas y 300 vacas. ¡Sí, más de 500 cuadros sobre su pueblo!
En este punto vale aclarar que de la amistad de ambos, sumada a la tercera pata de esta mesa creativa, Natalia de la Vega (que en la película hizo la dirección de fotografía) surgió previamente el cortometraje que escribieron los tres, No es mucho lo que heredamos de nuestro abuelo (2010). Y si lo nombro es porque si bien Rubió y Domínguez no son nieto y abuelo respectivamente, en 75 habitantes… escuchamos la historia de este abuelo que le cuenta a su nieto sobre un pueblo en el que vivió pocos años, pero que amó mucho y al que volvió para siempre con sus cuadros, aunque ahora no puede recordar cuántas ventanas tenía su casa y cuántos eran sus amigos en el pueblo tampoco. Para recordarlo entonces se pierde contando las historias felices de su pueblo a su nieto imaginario que un poco es Domínguez y otro poco somos nosotros. Y esto está contado con un amor al cine y a la pintura que nunca vi en mi vida. Porque si estamos acostumbrados a ver la pintura en el cine es siempre desde una fotografía que emule encuadres y texturas de grandes obras de la pintura, o que busque con su preciosismo imitar a grandes artistas, pero nunca la pintura y el cine fueron uno de manera tal que ninguno sobrepasara al otro, sino que juntos crearan algo que todavía no tiene una palabra en nuestro idioma para describirlo. No hay forma de capturar una imagen fija de esta película, porque o vemos a Rubió intentando pintar las ventanas que no recuerda que su casa tenía (momento que no se puede congelar), o vemos las pinturas vivas, como imágenes en movimiento, quizás pintadas en el celuloide, como si estuviéramos viendo el pasado y el futuro del cine en un presente eterno de 70 minutos, un presente que va creando Nicolás Rubió con su pincel, su memoria y su voz, y Fernando Domínguez con su movimiento, su oído y su interpretación.
Como declaró el propio Domínguez, en un momento se dio cuenta que esta película no era sobre él y por lo tanto tenía que desaparecer y dejar que sólo fueran Rubió y su historia. Yo creo que Fernando aparece muchísimo, pero de nuevo, de forma no convencional, con marcas de estilo pero sin travellings espectaculares o miradas a cámara que interpelen al espectador, sino como el cine, puro, entendiendo el cine como cine, como fue cuando era el principio, cuando se le decía primitivo y de primitivo no tenía nada, y cómo eso sigue existiendo ahora.
Rubió y Domínguez juntos son cómo esas historias de la mitología griega que leíamos cuando éramos chicos, en esos libritos con un léxico de historias de abuelos eternos, una historia de la mitología donde la pintura viaja, y se une con la historia y el movimiento. Y así nace el cine.
LUCIA SALAS.

http://www.grupokane.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=578%3Aartcobermardel2011-1&catid=57%3Acatapuntes&Itemid=61#n16

75 HABITANTES, 20 CASAS, 300 VACAS



...y 4 comentarios: 

"Dos buenas películas hubo ayer en competencia oficial, y una que bien podría arrasar en la nacional, si compitiera. Se trata de «75 habitantes, 20 casas, 300 vacas», de Fernando Dominguez, belleza singular, delicada, riesgosa, donde el octogenario pintor Nicolás Rubió desgrana sus recuerdos de infancia y juventud como hijo de refugiados españoles en un pueblito francés, Vielles. Ahí vivió diez años. Tan enamorado y agradecido quedó de ese pueblo, que el resto de su vida lo dedicó a pintar esos recuerdos. Solo él aparece en pantalla, con su sola voz y sus cuadros. Y solo con eso, la película arranca lágrimas de emocionada ternura. Una joyita." Paraná Sendrós.
http://www.ambito.com/diario/noticia.asp?id=610639

‎"75 habitantes, 20 casas, 300 vacas debió colarse en la sección Estados Alterados para poder proyectarse en el festival, cuando tranquilamente podía competir -y ganar- la competencia argentina. La película nacional más estimulante para los sentidos de los últimos años, quizá desde las escenas en pileta de Agua y el recorrido litoraleño de Los Muertos, pero de una manera mucho más integral y regular a lo largo de toda su duración, es un paseo muy sobrio y efectivo por la infancia del pintor Nicolás Rubió y sus obras al respecto, en el cual uno puede conseguir la información necesaria sobre el artista y su vida sin tener que atravesar ni una sola entrevista de cámara a 45º, observando en el proceso sus pinturas con un gran detalle, y con tremendos efectos sonoros y visuales sobre los óleos que lo transportan a uno no sólo al taller de Rubió en Buenos Aires, sino también al pueblito francés donde transcurren las historias que cuenta en off." Juan Francisco Gacitua.
http://www.volantesdeprivados.com.ar/2011/11/26mdqfest-diario-3.html
 
‎"Después de eso nos mandan a ver 75 habitantes, 20 casas, 300 vacas, porque supuestamente el director era de la facu. Resultó ser que la película es una obra maestra que nos hubiésemos perdido porque en el festival nadie le dio el tratamiento que se merece, y conocimos a Fernando y Natalia (director y DF, fernando enseño y curso un poco en la facu, Natalia tiene que rendir ectc y ya está con la carrera), dos copados con los que anduvimos paseando por todo el festival. No voy a escribir ahora de 75 habitantes porque ya que me pareció la mejor película que vi en el festival, o por lo menos la que más me impresionó, voy a verla otra vez y a escribir más." Lucía Salas.
http://aelitareinademarte.wordpress.com/2011/11/15/mar-del-plata-diario-i/
 
"Un tesoro fuera de competencia en el 26 Festival de Cine Internacional de Mar del Plata.
Me toco tener la suerte de conocer, junto al equipo de la FADU al director de la pelicula, Fernando Dominguez. La relacion se dio como una camaraderia desde el estreno del film en el festival. Tanto él como su Directora de fotografía me cayeron muy bien desde el principio. Eso no significa que opine igual de su película. Si hay que criticar hay que ser justos.
La pelicula es impecable. A lo largo de los 70 minutos que dura nos cuenta superficialmente a través de las imagenes tomadas desde el taller del pintor Nicolás Rubió a un hombre que de niño tuvo que exiliarse de su pueblo natal en España debido a la dictadura dejando atrás sus juguetes y su memoria. La familia fue adoptada por un pequeño pueblo en Francia en el que, como narra el pintor durante la pelicula, habian 75 habitantes, 20 casas, 300 vacas. Su vida en el exilio ha sido retratada por el pintor a lo largo de 600 cuadros ,(pensar que la mayoria no alcanzo en su vida ese numero de las figuritas). Es una historia muy tierna y conmovedora que vale la pena conocer.
Sin embargo, la pelicula nos interpela a lo largo de los 70 minutos que dura acerca de los recuerdos y de como son estos retratados. Y no solo los recuerdos, sino las historias en general. He aqui lo fenomenal del film. Recortando partes de los cuadros la camara va trasponiendo la historia del pintor mientras este busca recordar la cantidad exacta de ventanas que tenia su casa de la infancia. Esta busqueda lo llevara a pedir que le envien desde Europa fotografias del lugar porque la casa ya ha sido demolida. Sin embargo la busqueda es en vano ya que ninguna foto le puede dar la respuesta que él necesita. ¿Cual es valor de los recuerdos? ¿La exactitud fria y cientifica de una foto o la calidez que los sentimientos le imprimen?
Rubió y la pelicula parecen llegar a un acuerdo hacia el final. Ojala ustedes tambien puedan cuestionarselo al verla." Manuel Bláuab.
http://altapeli.com/2011/11/75-habitantes-20-casas-300-vacas/

Entrevista a Fernando Dominguez, director de 75 habitantes, 20 casas, 300 vacas


¿Cómo nació el proyecto de escribir y dirigir el film?

Hace diez años conocí a Nicolás Rubió y me contó que había invertido las últimas décadas de su vida en pintar un pueblito francés de 75 habitantes y 20 casas, donde había pasado su adolescencia como exiliado de la Guerra Civil Española, y que llevaba pintados de memoria más de 500 cuadros retratando ese pueblo. Era muy claro que ahí había una película. Lo que no supe en ese momento es que un día iba a dirigirla yo.

¿Cómo definirías tu film?

Siempre es un poco doloroso definir lo que uno hace... Me gustaría pensar que la película excede los límites de una definición y que no puede ajustarse a la etiqueta “documental de creación”. Es, entre otras cosas, una indagación sobre la mente y la memoria de un artista, de un hombre. La imposible reconstrucción de un tiempo y un lugar que ya no existen. Aparecen como temas la niñez, la soledad, el exilio e, inevitablemente, la muerte. También es una reflexión sobre la naturaleza de las imágenes, un retrato y un homenaje.

¿En este film abarcaste una parte de la vida del artista, harías un segundo film con otros aspectos de la vida de él?

Mirá, justamente ahora estoy trabajando en el montaje de un corto que está hecho a partir de fragmentos del inacabable material que dejé afuera de la película. Por otra parte, la vida de Nicolás es tan rica que podrían filmarse cientos de películas sobre él hasta, incluso, formar un género aparte: vivió en Barcelona durante la Guerra Civil, en Francia durante la ocupación, rodó decenas de cortometrajes sobre otros artistas durante la década del 60 en Buenos Aires, es un estudioso de las artes autóctonas de Latinoamérica y, además, como quien no quiere la cosa, pintó cientos de óleos sobre este pueblo de 75 habitantes y 20 casas. Es sólo una parte de esto último lo que incluye la película.

¿La narración del film fue producto de un guión estructurado, o el artista se tomó la libertad de expresarse espontáneamente?

Yo empecé a saber qué cosa era mi película cuando descubrí que era una película narrativa. Y eso lo descubrí filmando, montando y reescribiendo: todo lo hacíamos a la vez.
Al principio supuse que iba a filmar un documental observativo, quizá siguiendo mi gusto personal. Pero de repente supe que la forma de esta película era una sucesión de causas y efectos. Nunca tuve un guión, sino unas tres o cuatro páginas que servían de guía. De modo que mi trabajo como director fue provocar escenas. Llegábamos al rodaje y yo le sugería algo a Nicolás, una situación: “Hoy sería bueno que pintaras un cuadro”, por ejemplo, o “si te parece, me gustaría que llamaras por teléfono a tus amigos de la infancia”. A partir de esos disparadores, Nicolás hacía lo que tenía ganas, y la película iba construyéndose.  


¿Según tu opinión, qué rol cumple la voz en off en tu film?

Por supuesto que la voz siempre informa una serie de datos, pero en este caso es mucho más que eso. La voz y la forma de pronunciar tan particular que tiene Nicolás le dan una identidad a toda la película, y le dan calidez: es como si tu abuelo te contara un cuento. Pienso que de alguna manera “75 habitantes…” es una película anterior al cine. Todas las secuencias donde se cuenta la historia del pueblo a partir de cuadros, cuadros plagados de vacas y bueyes rojos, como los que pintaba el hombre de las cavernas, tienen algo de sombras chinescas, de columna Trajana, de zoótropo, algo anterior al cine, más cercano al fuego, a sentarse en ronda a escuchar las historias del más viejo de la tribu.

Siento que tu film es una mezcla de poesía, cine, y artes plásticas, ¿cómo trabajaste este equilibrio?

Intuitivamente. Creo que las películas que yo puedo hacer son más descubrimientos que creaciones. Será que no tengo ningún talento, pero me parece imposible crear algo, inventarlo. Siento que “75 habitantes…” ya existía en algún lugar, y que mi trabajo fue simplemente caminar a tientas, en la oscuridad, hasta montar la última toma y decir: “la película era ésta”.

¿Fue tu propósito crear un ritmo y silencios muy claramente plasmados en el film?

Sí, considero esencial que una obra posea un ritmo preciso. Pero no tenía una fórmula o un patrón, algo preestablecido en qué apoyarme. Así que el ritmo final de la película lo fue dando el propio material: los movimientos de Nicolás, su respiración, la propia pintura, la música, la voz, y hasta los espacios.

¿Qué directores te cambiaron la mirada del cine en tu vida?

Tengo la tentación de nombrar a mis directores preferidos, pero sería una trampa, porque podría pensarse que deseo sugerir que la película está influida por el maestro Bergman o por el maestro Tarkovski y, desgraciadamente, no es así. Además, ¿qué sabemos de nuestra vida? Muy poco, probablemente. No podemos determinar quiénes operaron cambios en nosotros. Todo es muy misterioso. Y está bien así.

¿Qué expectativas tienes en relación al Festival de Cine de Mar del Plata?

Ir mostrando la película para que, llegado el estreno en Buenos Aires, pueda haber un boca a boca. Una ventana tan importante como el Festival de Mar del Plata es un gran comienzo para empezar a instalar la película.

¿Cuál es la fecha de estreno?

No depende de mí sino de la programación de las salas, pero seguramente estrenaremos el año próximo, en 2012.


Por Denise Salvador


http://www.cinevivo.org/home/?tpl=home_nota&idcontenido=3965

Pinta tu aldea

Entrevista publicada el miércoles 9 de noviembre de 2011, en el diario del 26 Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (Nº 4), con motivo del estreno de 75 habitantes, 20 casas, 300 vacas.


¿Cómo nació la idea de hacer esta película?
Cuando conocí a Nicolás Rubió y vi que había dedicado toda su vida a pintar un pueblito de 75 habitantes y 20 casas, donde había pasado su adolescencia en la década del 40, y que llevaba más de 500 óleos pintados sobre los vecinos del pueblo, sobre cada casa, cada anécdota, todo retratado en detalle, minuciosamente y de memoria, supe que ahí tenía una película.

¿Cómo surgió el vínculo con Nicolás Rubió?
Con el tiempo, como cualquier vínculo. Después de diez años de relación, Nicolás es el protagonista de mi película; es uno de mis pintores preferidos; es, más allá de la diferencia de edad, mi amigo; y es también un maestro: a veces me despierto sin ganas de hacer nada, entonces pienso: “en este momento, con 83 años, Nicolás Rubió está en su taller pintando un nuevo cuadro sobre un pueblito perdido en el mapa a miles de kilómetros de su casa”. Después de pensar eso, todo cobra sentido y me recupero.

¿Cómo te parece que opera la relación entre las artes visuales y el cine?
El cine es también un arte visual y, si me apurás un poco, te digo que todas las artes son visuales. Salvo la música, tal vez. Quiero decir que si, por ejemplo, un poema no genera imágenes, difícilmente haya poesía ahí.
Con respecto a la relación entre el cine y la pintura, es claro que hay una larga tradición. Se me ocurren ahora dos grandes grupos: las películas que tratan sobre pintura o pintores (el Van Gogh de Pialat o La Bella Mentirosa de Rivette, por nombrar las primeras que me vienen a la mente) y por otro lado las películas que en sí mismas son pintura (los cortos de McLaren o, incluso, esas hermosas películas mudas coloreadas a mano). Me gusta pensar que 75 habitantes… pertenece a esta tradición y que es una síntesis de ambos grupos: es una película sobre un pintor, y es también una película pintada, ya que hay muchas secuencias generadas cuadro a cuadro en base a intervenciones plásticas, y hay también imágenes en video posteriormente coloreadas.

¿Qué esperás de la proyección del film en este festival?
Que la película comience a instalarse y que de a poco vaya surgiendo el boca a boca necesario para que una película de estas características llegue al estreno comercial con algo más de difusión.

¿Cómo crees que será la recepción por parte del público?
Soy muy optimista, cosa bastante rara en mí, con respecto a eso. Sé que esta película tiene muchos niveles de lectura y la gente puede interesarse desde varios aspectos. Además, todos hemos abandonado un lugar o, al menos, hemos sido obligados por el paso del tiempo a dejar atrás los  momentos de felicidad.

Por Sol Santoro.



una película documental de Fernando Dominguez sobre los recuerdos de Nicolás Rubió
ESTRENO 2011