Entrevista a Fernando Dominguez, director de 75 habitantes, 20 casas, 300 vacas


¿Cómo nació el proyecto de escribir y dirigir el film?

Hace diez años conocí a Nicolás Rubió y me contó que había invertido las últimas décadas de su vida en pintar un pueblito francés de 75 habitantes y 20 casas, donde había pasado su adolescencia como exiliado de la Guerra Civil Española, y que llevaba pintados de memoria más de 500 cuadros retratando ese pueblo. Era muy claro que ahí había una película. Lo que no supe en ese momento es que un día iba a dirigirla yo.

¿Cómo definirías tu film?

Siempre es un poco doloroso definir lo que uno hace... Me gustaría pensar que la película excede los límites de una definición y que no puede ajustarse a la etiqueta “documental de creación”. Es, entre otras cosas, una indagación sobre la mente y la memoria de un artista, de un hombre. La imposible reconstrucción de un tiempo y un lugar que ya no existen. Aparecen como temas la niñez, la soledad, el exilio e, inevitablemente, la muerte. También es una reflexión sobre la naturaleza de las imágenes, un retrato y un homenaje.

¿En este film abarcaste una parte de la vida del artista, harías un segundo film con otros aspectos de la vida de él?

Mirá, justamente ahora estoy trabajando en el montaje de un corto que está hecho a partir de fragmentos del inacabable material que dejé afuera de la película. Por otra parte, la vida de Nicolás es tan rica que podrían filmarse cientos de películas sobre él hasta, incluso, formar un género aparte: vivió en Barcelona durante la Guerra Civil, en Francia durante la ocupación, rodó decenas de cortometrajes sobre otros artistas durante la década del 60 en Buenos Aires, es un estudioso de las artes autóctonas de Latinoamérica y, además, como quien no quiere la cosa, pintó cientos de óleos sobre este pueblo de 75 habitantes y 20 casas. Es sólo una parte de esto último lo que incluye la película.

¿La narración del film fue producto de un guión estructurado, o el artista se tomó la libertad de expresarse espontáneamente?

Yo empecé a saber qué cosa era mi película cuando descubrí que era una película narrativa. Y eso lo descubrí filmando, montando y reescribiendo: todo lo hacíamos a la vez.
Al principio supuse que iba a filmar un documental observativo, quizá siguiendo mi gusto personal. Pero de repente supe que la forma de esta película era una sucesión de causas y efectos. Nunca tuve un guión, sino unas tres o cuatro páginas que servían de guía. De modo que mi trabajo como director fue provocar escenas. Llegábamos al rodaje y yo le sugería algo a Nicolás, una situación: “Hoy sería bueno que pintaras un cuadro”, por ejemplo, o “si te parece, me gustaría que llamaras por teléfono a tus amigos de la infancia”. A partir de esos disparadores, Nicolás hacía lo que tenía ganas, y la película iba construyéndose.  


¿Según tu opinión, qué rol cumple la voz en off en tu film?

Por supuesto que la voz siempre informa una serie de datos, pero en este caso es mucho más que eso. La voz y la forma de pronunciar tan particular que tiene Nicolás le dan una identidad a toda la película, y le dan calidez: es como si tu abuelo te contara un cuento. Pienso que de alguna manera “75 habitantes…” es una película anterior al cine. Todas las secuencias donde se cuenta la historia del pueblo a partir de cuadros, cuadros plagados de vacas y bueyes rojos, como los que pintaba el hombre de las cavernas, tienen algo de sombras chinescas, de columna Trajana, de zoótropo, algo anterior al cine, más cercano al fuego, a sentarse en ronda a escuchar las historias del más viejo de la tribu.

Siento que tu film es una mezcla de poesía, cine, y artes plásticas, ¿cómo trabajaste este equilibrio?

Intuitivamente. Creo que las películas que yo puedo hacer son más descubrimientos que creaciones. Será que no tengo ningún talento, pero me parece imposible crear algo, inventarlo. Siento que “75 habitantes…” ya existía en algún lugar, y que mi trabajo fue simplemente caminar a tientas, en la oscuridad, hasta montar la última toma y decir: “la película era ésta”.

¿Fue tu propósito crear un ritmo y silencios muy claramente plasmados en el film?

Sí, considero esencial que una obra posea un ritmo preciso. Pero no tenía una fórmula o un patrón, algo preestablecido en qué apoyarme. Así que el ritmo final de la película lo fue dando el propio material: los movimientos de Nicolás, su respiración, la propia pintura, la música, la voz, y hasta los espacios.

¿Qué directores te cambiaron la mirada del cine en tu vida?

Tengo la tentación de nombrar a mis directores preferidos, pero sería una trampa, porque podría pensarse que deseo sugerir que la película está influida por el maestro Bergman o por el maestro Tarkovski y, desgraciadamente, no es así. Además, ¿qué sabemos de nuestra vida? Muy poco, probablemente. No podemos determinar quiénes operaron cambios en nosotros. Todo es muy misterioso. Y está bien así.

¿Qué expectativas tienes en relación al Festival de Cine de Mar del Plata?

Ir mostrando la película para que, llegado el estreno en Buenos Aires, pueda haber un boca a boca. Una ventana tan importante como el Festival de Mar del Plata es un gran comienzo para empezar a instalar la película.

¿Cuál es la fecha de estreno?

No depende de mí sino de la programación de las salas, pero seguramente estrenaremos el año próximo, en 2012.


Por Denise Salvador


http://www.cinevivo.org/home/?tpl=home_nota&idcontenido=3965